Encontrándonos

No sé cómo contactar contigo, pues el único remedio que hallo ya solo son mis sueños. Son el único lugar donde pertenezco a un corazón, donde sé que puedo tocarte, puedo hablarte, puedo mirarte, la tristeza de no notar tan realista el olor de tus sudaderas pero donde recuerdo perfectamente cómo sabían tus labios y donde puedo recordar la mancha que tenías en tus ojos pardo. 

Solo te hallo en lugares recónditos de mi cerebro que creía cerrados y trato de mantenerlos y dónde únicamente se abren en la magia de la noche, noches que nosotros sabíamos hacer felices. Tu aliento en mi nuca, tus dedos en mi cintura, mi barbilla en el precipicio de tu nariz, bajando hasta encontrarnos con nuestras miradas, cómplices, complacientes, complaciéndonos. Templando, inestables, impacientes, seguros, lanzados, bestias, presos, presos de nosotros mismos. Pasando mi mano desde el torso hasta tu cuello, viéndote vivir, viéndonos unirnos. Suave, disfruta el querernos.


Dejamos caer, no solo nuestro sudor en las sábanas, dejamos caer nuestras historias, se secaron, se perdieron, no dejaron mancha, son imperceptibles, te contaré un secreto, yo recuerdo las formas de la mancha que dejaron en mi vida. Frescas, limpias, saladas.. presas del gusto. Del gusto de un camino con guerras y un sabor amargo que no pudo llegar a ser miel o suave brisa, extremos donde sabíamos que nos iba lo fuerte pero cuando era suave era espectacular.




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