Me encuentro en un punto de inflexión en donde observar se ha convertido en mi pasatiempo favorito. Me encuentro conmigo misma, me relajo, inspiro y entonces, abro los ojos, en medio de un paraje en el que un día no sólo era yo quien veía los pájaros volar, el aire acariciar los árboles, las hojas danzando en parafernalia planeando sobre el asfalto pero nunca dejándose caer, tropezar. Donde no sólo era yo quien veía lo bonito de los cambios de estaciones, sentada en un banco donde siento que si sueño un poquito puedo estar manejando mi propio barco.
Y de pronto, me encontré observando el movimiento de tus zapatos al andar, tu danzeo de hombros en conjunto con la oleada de mis manos intentando tocar el aire y que también pueden hacer una buena parafernalia cuando se juntan, como puzles. Me encontré observando como sin querer cerraba los ojos para oler tu perfume, viendo como las cadenas que abrazan tu cuello se mueven al unísono de tu elegante paseo.
Y cuando decidí echar el ancla y aterrizar, el paraje donde me encontraba seguía viéndose en calma, y solo me encontré abrazándome. Me encontré mirándome a mí misma. Me encontré mirándome el corazón.

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